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La fragmentación del cuerpo en *Donde el agua trabaja*, la novela de David Silva Rojas

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*Donde el agua trabaja*, novela breve del escritor peruano David Silva Rojas, explora la explotación laboral de las mujeres en la región de Ica, Perú, a través de la historia de una joven campesina que llega a trabajar en una empresa agroexportadora de uvas. La obra fue reconocida en 2026 con el Premio Internacional de Novela Breve Almadía–Ventosa Arrufat.

La protagonista acepta el empleo con la expectativa de mejorar las condiciones de vida de su madre y sus hermanos pequeños. Sin embargo, las promesas de una buena paga y prestaciones pronto se transforman en jornadas agotadoras, salarios precarios, enfermedades y un entorno dominado por el miedo y la incertidumbre.

El cuerpo como territorio de explotación

La novela construye su crítica social desde una perspectiva íntima. El deterioro físico y emocional de las trabajadoras aparece ligado a la rutina de las faenas agrícolas, al calor, el polvo, el agua y el cansancio acumulado. En ese escenario, el cuerpo deja de ser un espacio individual y se convierte en una herramienta sometida a las exigencias del trabajo.

Silva Rojas desarrolla una narración lineal que sigue el reclutamiento de la protagonista, su llegada al viñedo, las labores cotidianas y la relación de solidaridad con una de sus compañeras. A esta secuencia se incorporan rumores, desapariciones y la presencia recurrente de un “ruido” que intensifica la atmósfera de amenaza.

Silencio, repetición y despersonalización

Uno de los rasgos centrales de la obra es el uso de una voz narrativa limitada. La protagonista reconstruye lo que ocurre a partir de sensaciones, rumores y percepciones fragmentarias, mientras los hechos se diluyen entre el silencio, el viento, el agua y los murmullos de quienes trabajan en el fundo.

La repetición también cumple una función estructural: cortar racimos, comer, lavar, descansar y regresar a los surcos forman un ciclo que parece no tener salida. Los personajes, además, carecen de nombres propios y son identificados por su función dentro del sistema laboral: las trabajadoras, el capataz, el ingeniero, el enfermero o los dueños.

Esa despersonalización se relaciona con la fragmentación del cuerpo, uno de los procedimientos literarios más visibles de la novela. Las partes corporales aparecen separadas de la voluntad y del pensamiento, como si la rutina impuesta por el trabajo pudiera moverlas de manera automática.

El agua, elemento presente en el título y en distintas escenas del relato, adquiere una dimensión simbólica. Su movimiento constante contrasta con la inmovilidad social de las trabajadoras y acompaña una historia sobre el desarraigo, la vulnerabilidad y la búsqueda de una vida distinta.

Con una prosa breve y contenida, *Donde el agua trabaja* coloca la explotación agrícola y sus consecuencias humanas en el centro de la narración. La novela aborda así la tensión entre el crecimiento de la agroexportación y las vidas de quienes sostienen ese modelo desde la precariedad.